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Diario de un viaje a Nepal Día 5: Bandipur – Pohkara – Pagoda de la Paz Mundial – Campo de refugiados tibetanos.

Amanece Bandipur, entre trinos de pájaros, sonidos de gallinas, cigarras, niños y gente que empieza a despertar con el día.

Cogemos la mochila a las 7 de la mañana y tengo que confesar que salgo pitando de la habitación, porque me encuentro con una araña enorme.

Desayunamos tranquilamente en la terraza de la guest house en pleno centro de Bandipur, mientras contemplamos la vida mañanera y ya de paso, preguntamos como podemos llegar a Pokhara.

Nos dicen que el autobus se coge a la entrada del pueblo y que sale a las 9, así que tenemos tiempo.

Aprovechamos para dar un paseo tranquilamente por Bandipur y grabar en nuestra memoria y en nuestro corazón las calles, el sonido y el olor del pueblo mas bonito de Nepal.

Llegamos a la entrada para preguntar cual es el autobús y nos dicen que saldrá a las 9:30 o 10…

Es demasiado tarde para nosotros, así que decisimos contemplar varias opciones, preguntamos a taxis y furgonetas, la mayoría no estan disponibles o el precio es demsiado caro.

Finalmente nos decantamos por un taxi, que nos cuesta unos 40 euros al cambio, siguiendo nuestra premisa, el tiempo vale más que el dinero, porque sino, en autobús llegaríamos demasiado tarde a Pokhara y no podríamos hacer todo lo que tenemos previsto.

Llegamos a las 12 del medio día a Pokhara, ya habíamos reservado en booking un hotel a orillas del lago por unos 35 euros y no nos defraudo en absoluto, totalmente recomendable, podéis verlo pinchando aquí.

Después de darnos una ducha y descansar, salimos sin tiempo que perder, a coger un taxi a la pagoda de la paz mundial.

Encaramada en una colina, en lo alto de Pokhara, después de subir alguna cuesta y unos cuantos escalones, llegamos sudando la gota gorda, en pleno medio día.

Damos unas vueltas, contemplamos lo bonita que es ésta ciudad con encanto, a orillas de un lago.

Y nos aventuramos a bajar, haciendo un pequeño trekking hacia Pokhara por un sendero que discurre en medio de un bosque y que según la Lonely Planet, lleva a un embarcadero, en el que puedes coger una barca para llegar a la ciudad.

El paseo resulta agradable, seguramente porque lo hacemos cuesta abajo, la gente que encontramos subiendo no parece que tenga la misma cara relajada que nosotros.

Vamos con la incertidumbre de si finalmente encontramos el embarcadero o tendremos que subir por dónde hemos venido, pero finalmente… TACHAAAN

Pagamos 450 RPN/pers. para llegar a la ciudad y nos vamos pitando en taxi al asentamiento de refugiados tibetanos de Thasi Pakhel, ya que es entre las 15:00 y las 17:00, el momento en el que los monjes realizan sus oraciones.

El taxi nos cobra 1500 RPN por llevarnos, esperarnos una hora y traernos de vuelta a Pokhara.

Thasi Pakhel se fundó en 1960 y actualmente viven unos 800 refugiados, que huyeron de la represión del gobierno chino.

Llegamos a Thasi Pakhel y atravesamos una calle llena de vendedores que tratan de captar nuestra atención y es que no tienen prácticamente otro medio de vida, ya que a pesar de que algunos ya son la tercera generación en Nepal, siguen sin ser considerados ciudadanos Nepalís.

Aunque la mayoría de las personas que nos encontramos eran muy ancianas y entrañables, solo bastaba mirarlas a los ojos para trasmitir la paz y el valor que tuvieron, para atravesar el Himalaya sin nada, sabiendo que nunca más verían a sus familias.

También son los grandes olvidados del terremoto de 2015, puesto que como no están reconocidos como ciudadanos de Nepal, son invisibles a ojos del gobierno y son los últimos en recibir ayudas.

Esta es la entrada al monasterio, entramos con algo de miedo, por temor a ofenderles, desde aquí ya podemos oir el murmullo de la oración, pero a la entrada del edificio ya vemos algunas indicaciones en inglés.

Tales como que está prohibido sacar fotos, filmar, hay que guardar silencio y pedir permiso para entrar.

Así es que, no nos atrevemos a entrar porque no vemos a nadie para pedirle permiso, pero tenemos la suerte de que justo sale un monje y nos invita a entrar.

Y ahora como del interior no tenemos fotos, voy a tratar de describirlo de la mejor manera posible.

Los monjes estaban sentados en posición de loto formando 2 filas que se miraban la una a la otra, delante de cada fila había una especie de pupitres en los que cada monje, tenía su libro tibetano, y que continuamente iban leyendo y recitando sus mantras, pasando las hojas y colocándolas con sumo cuidado.

En los extremos de cada fila había un monje encargado de tocar el gong y detrás de una de las filas había otra con los niños monjes, que hacía exactamente lo mismo que los mayores.

Nosotros entramos sin hacer ruido y nos sentamos en el suelo junto a algún turista más que había.

Era curioso ver el balance que tenían mientras oraban, el sonido de los gongs y de los cuernos.

Todo el conjunto te hacía entrar en un estado de relajación, que no solo se apreciaba en la cara de los monjes, sino también en la de los turistas que ya había y seguro que en la nuestra también, a los 5 minutos de estar allí.

En un momento de la ceremonia, un monje se levanta con una cesta de comida que va ofreciendo a cada monje, todos cogen algo, por último nos llegó el turno a nosotros, que cogimos un cacho de manzana, por aquello de donde fueres, haz lo que vieres.

No esperamos a que terminase la ceremonia porque el taxista llevaba ya un buen rato esperando, así que salimos en silencio y lo que más me llamó la atención a la salida, fue ver a una anciana que seguro que tenía mas de 90 años, con un pelo blanco largo y trenzado, justo en frente del templo, haciendo continuamente algo que me recordaba al saludo al sol de mis clases de yoga.

¿Cómo puede hacerlo con esa agilidad, si yo soy prácticamente incapaz de hacer esa postura de la cobra, que se aprecia al fondo de la foto?

Cuando salimos una mujer se acerca a nosotros para preguntarnos si ya hemos visto la ceremonia y nos invita a pasar a dar a la rueda de oración, que podéis ver al fondo de la siguiente foto.

Le compramos unas pulseras y saliendo ya, nos detenemos a comprarles alguna cosa, como cuencos tibetanos y demás.

Nuestro taxista nos espera, saliendo del pueblo ya, dos chicas francesas nos paran y nos dicen que si pueden compartir el taxi con nosotros hasta Pokhara, pues genial, un dinerillo que nos ahorramos y ganamos una conversación de lo más animada, ya que ellas llevan 2 semanas ya en Nepal, haciendo un trekking por los Annapurnas.

De vuelta a Pokhara, estamos hambrientos, todo el día con prisas para verlo todo, no hemos tenido tiempo ni de comer, así que ahora llega nuestro momento, buscamos una terraza con encanto a orillas del lago y nos relajamos con una cerveza y algo de comer, mientras vemos, como empieza a aparecen la vida nocturna de Pokhara, jóvenes que se reúnen a orillas de lago, barbacoas humeantes que ofrecen tentempiés y muchas luces que le dan un toque de magia que hacen que Pokhara y su lago Phewa sea muy especial.

De vuelta al hotel, decidimos preguntar como podemos ir mañana a ver el amanecer a la colina de Sarangkot, quedan en llamarnos a un taxi que venga a recogernos a las 4:30 de la mañana.

De paso también le comentamos que queremos volver ya mañana a Katmandú, hemos preguntado antes en una agencia de viajes y nos han dicho que estaban todos los autobuses llenos, el chico del hotel, prueba a llamar a varias compañías, todos los autobuses salen a las 7:30 de la mañana y todos están llenos, que horror!!

¿Y cómo volvemos ahora a Katmandú?

Ya hemos venido desde Katmandú hasta Pokhara en 2 días, sabemos que es un viaje larguísimo, en taxi nos va a costar un dineral y un avión ya ni te cuento, finalmente llama a una compañía y le comentan que tienen dos sitios, uno es al final del todo, el asiento del medio y otro podría ser en la cabina del conductor, sin aire acondicionado.

Bueno pues que se va a hacer…si no hay otra cosa…

Y de nuevo nos vamos a la cama agotados, poniendo el despertador a las 4 de la mañana, para ir pitando a ver el amanecer a la colina de Sarangkot y sin tiempo que perder, ir a la estación de autobuses a coger el bus con destino Katmandú.

Y por cierto, todo esto… sin saber dónde pasaremos nuestra última noche en Nepal y con la incertidumbre de si nuestro equipaje estará aún en el hotel de Katmandú.

                           ¡¡¡Benditos viajes, cuantas anécdotas y cuantas lecciones nos dan!!!