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Viajar a México por libre. Diario de viaje

Hemos tenido la inmensa suerte de este 2020 adelantar las vacaciones a enero, antes de la locura del confinamiento, la cuarentena y estos tiempos difíciles que nos han tocado vivir, que nos han obligado a parar en seco y en los que he podido aprovechar para hacer lo que más me gusta, escribir y leer.

Arrancábamos el 2020 con una ganas inmensas de vacaciones de playa, de mojito, chiringuito y hamaca, unas vacaciones de resort donde descansar y olvidarnos del mundo, queríamos resarcirnos de nuestro anterior viaje, Japón, donde no habíamos podido disfrutar de la playa.

Pero una vez decidimos el destino, una vez teníamos claro que queríamos descansar en las playas de México, una vez comenzamos a descubrir el país, teníamos claro que no podíamos quedarnos en un resort, que necesitábamos conocer y recorrer el estado de Quintana Roo en coche y a nuestro aire y eso hicimos.

Preparamos el viaje con una semana de antelación, comprar billetes, reservar hoteles, definir itinerario… este ha sido sin duda el viaje más improvisado y menos planeado de nuestra vida ¿Empezamos?

Día 1: Llegamos a Cancún

Día 2: Chichén Itzá, cenote Ik kil, Valladolid, Tulum

Día 3: Ruinas de Tulum, ruinas de Muyil, laguna Kaan Luum y cenote corazón.

Día 4: Tulum, Cobá, Cenote Choo-Ha, Cenote Tankach-Ha, Holbox

Día 5: Holbox

Día 6: Holbox

Día 7: De Holbox a Isla Mujeres

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Diario de un viaje a Japón. Viajar por libre a Japón

El 17 de septiembre de 2019 comenzaba nuestra andadura por Japón, una aventura de 18 días en los que hemos conocido pueblos perdidos, lugares que no salen en las guías de viaje y por supuesto también hemos tenido tiempo para hacer turistadas, comer sushi y visitar los lugares más emblemáticos, instagrameables y fotografiados del país.

Un viaje que hemos preparado a conciencia, estudiando cada itinerario, cada trayecto en tren, cada desplazamiento, cada alojamiento…

Un viaje que hemos recogido en este diario, para que os sirva de guía, de lectura, de inspiración o de aventura desde el sofá, este viaje ya no es solo mio, también es vuestro:

Día 1: De Tokio a Kioto

Día 2: Osaka

Día 3: Koyasan (Monte Koya)

Día 4: Koyasan – Nara – Kioto

Día 5: Kioto – ceremonia del té

Día 6: Kioto y alrededores (Inari – Arashiyama)

Día 7: Hiroshima y Miyajima

Día 8: Kanazawa

Día 9: Okuhida

Día 10: Shirakawago , Hida Folk Village y Takayama

Día 11: Kawaguchico – Monte Fuji

Día 12: Kusatsu

Día 13: Takaragawa onsen

Día 14: Tokio (torre de Tokio, templo Zozoji, Shibuya, Harajuku, Kawaii Monster Café)

Día 15: Tokio (Ginza, mercado Tsujiki y Odaiba)

Día 16: Tokio (Shinjuku, Akihabara, Harajuku)

Día 17: Tokio (Ueno,Ginza, Shibuya, Akihabara)

 

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Diario de un viaje a Tailandia.

En Octubre de 2016 descubrimos el país de la sonrisa, Tailandia.

Nuestra primera aventura en Asia, nuestra primera aventura en el mundo de la improvisación de viajes y nuestra primera aventura mochilera.

Un viaje en el que nos hemos perdido, reído, hemos temido por nuestra vida, hemos hecho amigos para siempre, hemos dormido en la cubierta de un barco y hemos vivido todo tipo de experiencias que olvidaremos jamás. ¿Nos acompañáis)

Viaje a Tailandia día 1: Bangkok – mercado chatuchak

Viaje a Tailandia día 2: mercado flotante-mercado del tren-cascadas de Erawan

Viaje a Tailandia día 3: Ayutthaya

Viaje a Thailandia día 4: Chiang Mai, Doi Sutep, cárcel de mujeres

Viaje a Tailandia día 5: Ban Hom Samunphrai – Doi Inthanon

Viaje a Thailandia día 6: Chiang Rai, triangulo del oro, Laos

Viaje a Thailandia día 7: Phuket -Surin Beach

Viaje a Tailandia día 8: Phang Nga – Isla de James Bond

Viaje a Tailandia día 9: Maya Bay

Viaje a Tailandia día 10: Maya Bay – Ko Lanta

Viaje a Tailandia día 11: Recorriendo Phuket en moto.

Viaje a Tailandia día 12: Perdidos en el Océano Indico

Viaje a Tailandia día 13: Hasta siempre país de la sonrisa

Y para terminar una reflexión sobre los contrastes que puedes encontrar:

Los contrastes de Tailandia

Espero que os guste y que muchos os animéis a vivir la experiencia Tailandesa en vuestras propias carnes.

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Viajar por libre a México. Día 7: De Holbox a Isla Mujeres

24 de Enero de 2020

Cuando el sol se cuela por la claraboya de nuestra cabaña y consigue sacarnos de nuestro sueño, hacemos las maletas para despedirnos de esta mágica isla.

Antes de coger el Ferry volvemos a desayunar en la Tortillería española, para intentar guardar en nuestra papilas, el sabor de Holbox.

Y media hora después ya estamos en Chiquilá, listos para recoger nuestro coche, que está intacto pero con una capa de polvo y tierra importante. Tenemos por delante 2 horas y media hasta Puerto Juarez, recorriendo carreteras nada transitadas y sufriendo también los atascos y el calor de la ciudad de Cancún.

En Puerto Juarez cogemos un ferry a Isla Mujeres donde pasaremos los últimos días de nuestra estancia en el país. Dejamos el coche en el parking da la propia compañía de ferry, que nos cuesta 150 pesos al día. El billete de ferry nos cuesta 300 pesos por persona ida y vuelta.

El calor hoy en Cancún es algo de otro mundo, el asfalto echa humo y parece que todo está a punto de derretirse, suerte que el viaje en ferry con la brisa del mar nos da un poco de tregua y por fin llegamos a Isla Mujeres.

ISLA MUJERES

Isla mujeres nada tiene que ver con Holbox, son dos islas totalmente opuestas, muchos fueron los que nos dijeron que Holbox era Isla Mujeres hace 20 años y en cuanto pusimos un pie en ella lo comprobamos. Los edificios que flanquean la primera línea de playa, las múltiples tiendas, las oleadas de turistas, los veleros y embarcaciones de recreo que desdibujan la línea recta de la infinidad del mar y la arena sembrada de tumbonas.

El contraste de Holbox a isla Mujeres ha sido muy grande, porque Holbox es inmensamente tranquilo y muy poco explotado, es el turismo que buscamos cuando viajamos porque queremos huir de los sitios masificados y vamos continuamente en la búsqueda de playas y lugares desconocidos, paradisiacos y alejados del turismo de masas. Isla Mujeres no es uno de esos sitios, aún así, creo que está muchísimo menos explotado que playa del Carmen u otras zonas turísticas de México y para el resto de los mortales acostumbrados a las vacaciones en cualquier isla de España o del sur de Europa, Isla Mujeres será un paraíso, como lo ha sido para nosotros a pesar de todo lo que he explicado antes.

La primera noche la pasamos en el Hotel posada de Mar que podéis ver aquí y que no recomiendo, estaba bastante viejo y muy deteriorado, lo único bueno es que estaba en primera línea de playa y muy cerca de la playa más bonita de Isla Mujeres, playa norte.

Después de dejar las maletas y hacer el check – in, vamos a dar un paseo por la playa y a perdernos por el centro de Isla mujeres, lleno de ambiente, de restaurantes, de terrazas, de bares, de tiendas, de bullicio, lleno de vida…

Comemos unos tacos en el bar las 3 mentiras, el restaurante del hotel en el que nos hospedaremos la dos noches siguientes, un hotel boutique con mucho encanto situando en pleno centro de la isla.

Para luego ir a playa norte y recordar por qué elegimos Isla Mujeres para pasar nuestro últimos días en México, una playa en la que a pesar de las tumbonas, los veleros y los hoteles, el agua inmensamente calma y cristalina hacen que sea la playa más bonita que hemos visitado en toda nuestra estancia en México y que solamente puede ser comparable a las playas de Maldivas. No he visto unas aguas iguales en todo el Caribe, ni en los cayos de Cuba, ni en México, ni en República Domicana, ni tampoco en otras zonas como han podido ser Islas Cook o Tailandia.

Y nos pasamos la tarde en la playa, entre baños y cabezadas y a última hora, tras un baño en la piscina del hotel, nos vamos a cenar a un restaurante a pie de playa para ver la puesta de sol, que se tiñe de rosas y azules, estos colores mágicos que hacen que el anochecer en Isla Mujeres se sume a nuestro álbum de puestas de sol para recordar.

Luego nos perdemos por el centro de la isla, de calles adoquinadas, olor a brasas y a pescado, repleto de colores, de tiendas de artesanía, de terrazas, de música, de rock y rancheras, de Chavelas y catrinas y en mi cabeza suena esa canción de Sabina que dice: … “Diego Rivera lápiz en mano, dibuja a Frida Kahlo desnuda…” y sí, Isla Mujeres parece una cárcel de amor, un delirio de alcohol y mil noches en vela como diría la canción, pero nosotros no nos dejamos el corazón en Madrid como Chavela, el nuestro ha quedado en este trozo del Mar Caribe dentro una calavera.

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Viajar por libre a México. Día 5: Holbox

Día 22 de Enero de 2020

Hoy no ponemos el despertador, dejamos que sea el sol el que se cuele en nuestra cabaña y nos saque de las redes de Morfeo para arrojarnos a las de Poseidón.

Vamos caminando hasta el centro de Holbox para desayunar y después de un paseo por la plaza mayor, nos sentamos en la terraza de un restaurante llamado “Tortillería española” donde desayunamos chilaquiles de pollo y una tortilla española exquisita , mejor que la de muchos bares en España.

Como podéis ver en la foto, en Holbox todos los caminos son de arena y que el ayuntamiento tenga esta pinta, me parece que es muy representativo de la esencia y el espíritu de la isla.

A punto de reventar vamos a la playa, damos un largo paseo con el viento en contra bastante cabreado, hasta llegar a las míticas hamacas representativas de Holbox.

El aire sopla bastante lo que hace que el mar tenga un poco de oleaje y que no se vea como la piscina que imaginábamos, seguimos caminando a lo largo de un banco de arena que parece no tener fin y en el que en el horizonte, el blanco de la arena se diluye con los verdes y azules del agua, lo que hace que parezca que estés camino del cielo, pero antes de alcanzarlo damos la vuelta para buscar un beach club, en el que asentarnos y pasarnos el día disfrutando de esta paleta de colores desde una tumbona.

Justo frente a las hamacas, está el beach Club del Hotel Caracol, en el que decidimos quedarnos por la ubicación y el hecho de que para utilizarlo solo se exija una consumición mínima de 300 pesos por persona, después de ver la carta, los precios nos han parecido muy razonables y además podemos comer en las tumbonas… ¿Qué más se puede pedir?

Comemos en las tumbonas unos tacos de pescado y ceviche de pulpo, todo estaba brutal.

Y como os podéis imaginar, no hicimos otra cosa en todo el día que alternar las hamacas con las tumbonas, las margaritas con la cerveza y los paseos con los baños.

A pesar de que el aire nos ha incordiado un poco, hoy ha sido un día perfecto y decidimos ampliar una noche más, nuestra estancia en Holbox, de modo que en vez de 2 noches, estaremos 3, además la noche extra en el mismo hotel, nos cuesta unos 46 euros aproximadamente, cuando las anteriores nos costaron alrededor de 80.

Por la noche volvemos a perdernos por el centro de la isla, nos encanta su magia cuando cae el sol, la tranquilidad, los puestos hippies, las terrazas, las tiendas de artesanía, la música, el olor a brasas y a langosta…

Hoy queremos cenar el plato típico de Holbox ¿sabéis cual es?

La pizza de Langosta. Sí, habéis leído bien. Nos sentamos en la terraza de un bar en la plaza y cenamos pescado y la tradicional pizza, con unos trozos enormes de langosta con un toque a humo y ajo, que lo convertían en un bocado perfectamente equilibrado de sabores.

Y como hoy estamos por probar las comidas típicas de Holbox, la nota dulce a la cena la ponemos con una marquesita en un puesto callejero de la plaza, las marquesitas son una especie de barquillos crujientes que puedes rellenar con lo que quieras, nosotros lo hacemos con nutella.

Y ponemos fin al día, uno de esos días que podría elegir como día de la marmota, para repetir en bucle hasta que se acabe el mundo.

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Viajar por libre a México. Día 4: Tulum, Cobá, Cenote Choo-Ha, Cenote Tankach-Ha, Holbox

21 de Enero de 2020

Arrancamos el día en el local Líquido y Sólido Tulum, al que acudimos por recomendación del Hotel, para disfrutar de un desayuno al que no le falta detalle, un local pequeño con un decoración de esas que te recuerdan que estás en el paraíso, suelo de piedras, paredes de troncos y adornos de crochet.

No solo desayunamos café y zumo, también pedimos tostas de aguacate y tortilla de champiñones portobello, pero el hambre y la pinta increíble que tenía todo, no nos dejaron tiempo para fotos.

Y con este buen sabor de boca, nos despedimos de Tulum para continuar nuestro viaje hacía las ruinas de Cobá.

Ruinas de Cobá

Mis preferidas, unas de las ruinas más altas de México, aunque no tan bien conservadas como otras que hemos visitado, una visita obligada en esto del mundo Maya, el encanto de estas ruinas es que puedes ascender por sus 120 escalones, que te elevan a 45 metros sobre el suelo y te ofrecen una panorámica de la selva increíble.

Seguramente sea cuestión de tiempo que esté permitido trepar por ellas, ya no solo por el deterioro que los turistas ocasionamos, sino por el peligro que ello entraña, al no existir ningún tipo de seguridad.

Después de recrearnos con el paisaje y hacernos un hueco entre los centenares de turistas que ansiaban la deseada foto, toca descender arrastrando el culo como si de un tobogán se tratase, para conocer el resto de secretos de estas ruinas.

Paseamos por los campos de pelota, recorremos pasadizos, descubrimos pirámides y esculturas escondidas y cuando creemos que ya nos hemos empapado lo suficiente de la cultura maya, vamos a seguir empapándonos pero esta vez del agua de los cenotes.

Las ruinas de Cobá están rodeadas de cenotes y lagos, en concreto hay 3 cenotes que están muy cerca en coche, así que nos perdemos por un carretera que discurre entre casas, abarrotes, taquerías y campos, hasta toparnos con una garita de seguridad, donde compramos tickets para visitar los dos primeros y continuamos el trayecto por un camino que nos lleva al primer cenote.

Cenote Choo – Ha

Un cenote que brota en un cueva entre estalactitas y estalagmitas, poco profundo, ideal para los que no sepan nadar o para familias con niños, un cenote de aguas inmensamente cristalinas y pequeños peces, en el que nunca estuvimos más de 4 personas.

Cenote Tankach – Ha

A poco menos de un kilómetro del anterior, se sitúa este cenote de aguas profundas y claras, solo apto para intrépidos con trampolines para hacer piruetas desde 5 y 10 metros.

En este cenote también estamos prácticamente solos y disfrutar de estos regalos de la naturaleza en la más estricta intimidad, es un lujo que solo puedes experimentar cuando te empiezas a alejar de las zonas turísticas.

Y cuando los dedos se empiezan a arrugar y el frío empieza a calar más allá de la piel, salimos del cenote para cambiarnos de ropa y emprender nuestro road trip con destino Chiquilá, donde cogeremos un ferry para dormir en la isla de Holbox.

Tenemos por delante dos horas de viaje en coche, por carreteras nada transitadas, llenas de topes y badenes que obligan a ir despacio y con todos los sentidos siempre alerta. Dos horas conduciendo por carreteras comarcales que atraviesan selvas, campos y poblados de casas de barro y paja, la marcha lenta que nos marca la carretera, nos permite colarnos en la vida cotidiana de los lugareños, que cocinan el puchero a fuego lento delante de sus casas, que se mecen en sus hamacas viendo la vida pasar, que transportan fardos de paja a sus espaldas y niños que vuelven del colegio caminando por la carretera con su mochila a cuestas.

Conducíamos por una recta interminable que irrumpía en un océano de palmeras que desdibujaban el horizonte, las interferencias de la radio dejaban intuir a ratos alguna ranchera y estábamos desando encontrar algún sitio donde poder parar a comer, cuando a lo lejos empezamos a divisar algo que parecían ser militares saliendo de entre la selva y formando una barrera en la carretera.

Aminoramos la marcha mientras nos acudían a la cabeza todas esas advertencias que habíamos leído por internet, de que a los turistas nos resultaba casi imposible distinguir al ejército, de las guerrillas de los cárteles de la droga, pero también habíamos leído que fuere quien fuere, lo más importante era guardar la calma, colaborar y responder a todas sus preguntas, porque lo más probable era que fuese un control rutinario y te permitiesen proseguir con normalidad.

Con la mirada puesta en el frente atravesamos un ejército de soldados que en formación caminaban hacia nosotros flanqueando ambos lados de la carretera, una vez los perdimos de vista, respiramos y paramos a repostar en una gasolinera y unos minutos después llegamos a Chiquilá.

Chiquilá

Un pueblo costero desde el que parten los ferrys hacia la isla de Holbox, en el que lo primero que haremos será buscar un parking donde poder dejar el coche, existen infinidad de aparcamientos a ambos lados, del camino de tierra y polvo que desemboca en el embarcadero, después de comprobar que el precio era el mismo en todos, decidimos dejarlo en el más cercano al muelle.

Un aparcamiento privado sin asfaltar, de unas 10 plazas, situado en una casa particular, que nos cuesta 100 pesos al día, lo dejamos pagado para tres días, aunque aún no sabemos cuantos pasaremos en esta isla.

Compramos dos billetes para el ferry que sale a las 4 de tarde, por 200 pesos/persona y mientras esperamos compramos algo para comer en un supermercado, porque por el camino no hemos encontrado nada que nos diese confianza.

Un viaje en ferry con nubes, viento, lluvia y marejada nos lleva a la isla de Holbox.

Holbox

Una de las islas menos explotadas y masificadas de la Riviera Maya que aún mantiene la esencia de lo sencillo, de las calles sin asfaltar, de los caminos de arena, de las casas bajas y de colores, la esencia de los perros callejeros y de lo descuidado.

Pero todo eso lo descubrimos después porque la primera sensación que tuvimos al llegar no fue muy buena, un kilómetro separaba el ferry de nuestro hotel, un kilómetro con la maleta a cuestas, por caminos de arena, pilas de basura, cacas de perro y una sensación de estar en un lugar abandonado, que junto con la lluvia y el aire nos hizo llegar un poco pesimistas, pero esa sensación se iba disipando a medida que nos alejábamos del muelle y caminábamos hacia el centro de la isla.

Tenemos dos noches reservadas en el hotel Frequency, que podéis ver pinchando aquí.

Un hotel de cabañas burbuja, con la ducha al aire libre que aunque no está a pié de playa nos pareció que tenía mucho encanto, la habitación nos costó unos 80 euros la noche.

Después de una ducha, salimos a caminar por la playa, que a pesar del viento y de que el día estaba nublado, me daba la sensación de que era el lugar con más luz que había visitado nunca, la arena blanca y la claridad de las aguas producen en la vista el mismo efecto que una pista de esquí cubierta de nieve, por esto y otras cosas, Holbox es uno de esos pedazos de cielo en la tierra.

Y después de llegar al muelle y hacernos la foto de rigor en el cartel de Holbox, nos perdemos por el centro, tomamos una cerveza en Hot Corner, un bar con música en directo y mucho ambiente, en el que nos sentamos a ver la gente pasar, a ver como los hippies de la isla, occidentales afincados en este rincón del mundo, empiezan a montar sus puestos de pulseras y artesanías, mientras suena “La llorona” de Chavela Vargas.

Seguimos nuestra ruta por el centro de esta minúscula isla, paramos en el bar Viva Zapata, donde probamos por primera vez los golpes de mezcal, la bebida más típica de México, que se toma mordiendo una rodaja de naranja y chupando sal, aún así para mi la bebida era fortísima, así que me decanto por la cerveza pescadores, mi preferida, una cerveza hecha con agua de lluvia.

Como ya vamos agustito, vamos a cenar a los panchos, al que acudimos por recomendación de unos camareros que conocimos en Tulum y resultó ser todo un acierto, donde cenamos pulpo al ajillo y unos camarones con mojo que estaban brutales.

Y seguimos perdiéndonos por el centro de la isla que a medida que pasa la noche, va adquiriendo más encanto, los lugareños salen a tomar el aire, a poner sus puestos de comida y a su clase diaria de zumba en la plaza central.

A penas llevamos una horas en Holbox y ya nos ha atrapado, es una de las islas con más encanto del mundo y llevamos unas cuantas, mañana por fin disfrutaremos de sus playas y esperamos que el tiempo nos acompañe.