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Viajar por libre a Japón. Día 15: Tokio (Ginza, Tsujiki, Odaiba)

1 de Octubre de 2019

Reservarnos la primera hora del día para pasear por las calles del barrio de Ginza.

Ginza

La cuna mundial del lujo y la moda, sede de las empresas más importantes de esta industria, un barrio limpio, pulcro, relajado, de calles anchas y edificios altos y vanguardistas.

De la cuna del lujo vamos a la cuna del street food en Tokio.

Mercado de Tsujiki

Uno de los mercados de pescado más importantes de Japón, uno de esos mercados que puedes encontrar en cualquier país de Asia y que a los occidentales nos resultan tan peculiares, nos perdemos por sus calles y nos hinchamos a pinchitos de anguila y vieras.

Para rematar el festín de street food, entramos a un local en el mismo mercado y pedimos unos bocados de sushi.

A la salida del mercado nos encontramos con el free bus de un centro comercial situado en la isla de Odaiba, el lugar donde queremos pasar la tarde, así que lo cogemos y de paso visitamos algunas tiendas, como siempre, lo que más me llama la atención es la gran cantidad de productos de papelería que existen, para mi es un paraíso, además a la entrada del centro me encuentro con Marilyn y tenemos una conversación profunda de rubia a rubia.

Odabia

Odaiba es una isla artificial de la bahía de Tokio, el centro de entretenimiento, ocio y tecnología de la ciudad.

Damos un paseo por la playa, pisamos la arena y nos sentamos a contemplar el mar, que ya nos hacía falta

El señor Late Fuerte se lo pasa bomba en la exposición de Toyota, viendo los coches del futuro y probando los simuladores.

Seguimos en el futuro, de la exposición Toyota, vamos al museo teamlab de la isla de Odaiba, después de una cola enorme de una hora, conseguimos entrar a uno de los museos más instagrameables del mundo, una visita obligada en Tokio.

Teamlab Boderless

Teamlab Borderless es un museo de arte digital, un museo con el que puedes interactuar, sentir, tocar, crear arte, ser parte del arte, generar música, crear formas…

Un museo que se recorre sin plano, sin barreras, que puedes empezar por el principio, el medio o el final, porque está pensado para que te pierdas y descubras.

Nos perdemos y entretenemos tanto que cuando salimos del museo ya es de noche, vamos a dar un paseo por la playa, vemos la estatua de la libertad y nos sentamos a contemplar el mar de luces de la ciudad de Tokio al anochecer.

Cogemos el metro para volver a Tokio y aún nos quedan fuerzas para perdernos de nuevo entre las luces del barrio de Ginza, dejarnos caer por el barrio de Akidabhara donde visitamos la tienda de Sega y cenar y recenar gyozas en varias ocasiones.

Y exhaustos terminamos un día intenso y lleno de contrastes en la loca Tokio.

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Viajar por libre a Japón. Día 6: Kioto – Inari – Arashiyama – Nishiki market – templo Kiyumizu

22 de Septiembre de 2019

Madrugamos como de costumbre, con la intención de visitar Inari a primera hora e intentar evitar las riadas de turistas.

Inari es famosa por su templo Fushimi Inari-Taisha, dedicado a la diosa de la fertilidad, al que se accede ascendiendo por una montaña, atravesando durante 4 kilómetros un camino cubierto de toris, con forma de ocho.

Y cuatro kilómetros y mil toris después, llegamos al templo un poco más cansados de lo habitual por la humedad y el calor.

El gran numero de pequeños templos que existen a lo largo del camino y su característica forma de ocho, hace que nos perdamos en ese bucle infinito y andemos y desandemos unos cuantos metros más de la cuenta, en busca del templo, sin saber que ya habíamos llegado y que pasaríamos por él unas 4 veces, así que espero que ya solo por el esfuerzo, la diosa Inari tenga a bien darnos fertilidad el día que la necesitemos.

Y después de desandar lo andado y sumar 8 kilómetros de toris en nuestro haber, volvemos a coger el tren para perdernos por el bosque Arashiyama, uno de los bosques de bambú más famosos y fotografiados del mundo.

El bosque de Arashiyama es uno de esos sitios mágicos, perdido en una aldea rural con encanto, a las afueras de Kioto, lo mejor del paseo es el sonido del bambú cuando es mecido por el aire, un sonido como pocos, de esos que se podría poner en bucle en una clase de relajación, la pena es que la inmensa cantidad de turistas hacen que pierda gran parte del encanto y que conseguir la ansiada foto para instagram, sea una misión casi imposible, aún así nosotros lo hemos intentado.

Y después de una mañana dedicada a los sitios más instagrameables de Japón, cambiamos totalmente de registro para ir a comer a Nishiki Market, el mercado de comida más famoso de Kioto, uno de esos lugares que te recuerdan que Japón sigue siendo Asia, a pesar de ser un país ultra moderno.

Y después de hartarnos a brochetas de vieiras y chipirones, nos perdemos por las calles de gion, esta vez de día, parándonos nuevamente en el puente de Pontocho que me tiene enamorada.

No me cansaría nunca de pasear por los barrios de geishas de Kioto, por perderme por esas calles impolutas, que parecen sacadas de un decorado de cine y saboreamos el paseo, parándonos en todas las tiendas, degustando todo lo que nos ofrecen en el ascenso al templo Kiyumizu, desde donde se obtienen las mejores vistas de Kioto.

Y desde aquí, por todo lo alto, nos despedimos de Kioto.

De regreso al hotel, paramos a cenar en una taberna japonesa unas tiras de calamar seco y tortilla japonesa, que pedimos creyendo que era okonomiyaki (una tortilla típica de Japón, que aún no hemos probado) pero resultó ser una tortilla francesa muy gruesa.

Y decimos adiós a Kioto, nuestra primera toma de contacto con Japón, una ciudad tan amigable y bonita, como intensa y tradicional, esa del Japón milenario, la de las películas de geishas, la de los Kimonos y las maikos, la del té macha y los dulces, la ciudad menos ciudad del mundo, esa que sacaron de un cuento, de esos que dejan huella y sonrisa, de esos con final feliz.

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Viajar por libre a Japón. Día 14: Tokio (Torre de Tokio, templo Zozoji, Shibuya, Omotesando, Takeshita)

30 de Septiembre de 2019

Despertamos en plena naturaleza, con el sonido del río y el zumbido de las libélulas, comenzamos el día bien temprano a las 7 de la mañana, con un desayuno buffet al que no le falta detalle, pero hasta las 9:30 que nos llevarán de vuelta a la estación, pensamos exprimir hasta el último minuto en este paraje.

Meditación e introspección a eso dedicamos las primeras horas del día, a coger fuerzas, a parar, a pensar en el camino que hemos hecho y en el que tenemos por delante, a coger impulso para acometer un salto de dos horas que nos dejará caer en Tokio.

Tokio

Son las 12 del mediodía cuando llegamos a Tokio y las 2 de la tarde cuando llegamos a nuestro hotel, aunque está a 2 kilómetros de la estación, entre cambios de líneas de metro, estaciones y alguna que otra perdida nos cuesta un poco llegar y a nuestras maletas también. Nos hospedaremos durante cuatro días en Ai Hotel Niombasi, que podéis verlo pinchando aquí.

Hoy caduca nuestro Jr Pass, válido durante 14 días, así que compramos un pase de metro para 3 días, que nos cuestra aproximadamente 15 euros por persona.

Y ahora sí vamos a subir las pulsaciones por la loca Tokio, que lo primero que nos enseña es su torre, la hermana mayor de la Torre Eiffel.

Para luego recordarnos que seguimos en Asia, llevándonos al templo Zozoji.

Después envolvernos y mezclarnos con todo clase de gente, en Shibuya, el cruce más transitado del mundo.

Mostrarnos las últimas tendencias de moda en el centro comercial Forever 21, perdernos por las calles de Omotesando y Takeshita street mi preferida. Y ponernos a prueba con las gyozas más picantes del planeta.

Y luego enseñarnos su lado más friki en Kawaii monster café, donde cenamos, ya que es obligatorio tomar una bebida y una comida por persona, a parte de pagar un suplemento de 5 euros.

Cenamos un bowl de helado y chuches de hello kitty y patatas con salsas, el espectáculo y la puesta en escena son dignos de ver, no sabría decir si es o no una visita obligada pero curiosa sin ninguna duda.

Y empachados de los tonos pastel, de las tartas y de la purpurina, volvemos a perdernos por Shibuya y nos paramos a saludar a Hachiko

Mañana tendremos resaca de purpurina y ahora mismo sé que soñaré con Hello Kitty en un mundo de color de rosa, Tokio saca la parte más rubia que hay en mí y ya no me quiero bajar de este puto arcoíris.