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Viaje a Tailandia día 10: Maya Bay – Ko Lanta

Día 11 de Octubre de 2016

En seguida el sueño nos vence y nos dormimos mirando las estrellas, hasta que a las 4:30 de la mañana, una ligera lluvia nos despierta, mojándonos la cara, así que recogemos todo rápido y bajamos a ponernos a techo, nos acomodamos como podemos, algo apretados, pero pronto volvemos a coger el sueño.

Aunque en cuanto amanece, nos despiertan para desayunar y volver a Maya Bay, antes de que los primeros turistas empiecen a llegar.

Abandonamos de nuevo el barco, a bordo de una barquita y… ¡Oh no!

embarcadero-maya-bay

Sí, eso que se puede divisar el fondo es otra vez, la maldita red, ahora nos toca subirla y acceder a Maya Bay por la selva.

Aunque mereció la pena, subiendo despacito, finalmente lo conseguí y pudimos disfrutar de un baño, de risas, de fotos todos juntos y despedirnos de la «La playa».

todos-maya-bay

La foto se la cojo prestada, una vez más, a mi amigo Suyash.

Partimos de Maya, con destino la playa de los monos, Monkey beach, es un playa muy pequeñita, a la que solo es posible acceder en barco y que está habitada únicamente por monos.

Llevamos comida, para dársela a los monos, y estamos un rato en la playa, contemplándolos, solo contemplándolos, ya que tocarlos es peligroso, puesto que puedes llevarte un buen mordisco.

Aquí nos paramos a hacer snorkel, kayak, nadar y a la vuelta al barco, la tripulación a pescado unos calamares y un pez, que nos han tostado y está riquísimo.

Volvemos a Phi Phi Don y nada más posarnos en el embarcadero, compramos un billete de ferry a Ko Lanta, el barco sale a medio día así que, volvemos a aprovechar la mañana en las playas de Phi Phi.

En el paseo de la playa encontramos a nuestro amigo Suyash y a Daniela y Camila, dos chicas brasileñas que también nos han acompañado a Maya y comemos juntos.

La comida y la conversación resultan de los mas agradable y enriquecedoras, nos despedimos hasta siempre y nos vamos a hacer unas compras por Phi Phi.

En Phi Phi, se venden bolsas estancas, en las que no entra el agua y hemos pensando que son muy útiles, a sí que decimos comprar una, para este tipo de viajes en barco.

Y cogemos el ferry con destino Ko Lanta.

¿Por qué Ko Lanta?

Hemos estado leyendo opiniones por internet y conversado con la gente y hemos descubierto que Ko Lanta es una isla muy tranquila, en la que apenas hay turismo, bastante virgen y dicen que las puestas de sol, son increíbles.

La mayoría de sus habitantes son musulmanes, los llamados gitanos del mar, así que también nos pareció interesante cambiar de cultura.

La única forma que hay de llegar a Ko Lanta es en un ferry que llega desde Phi Phi a las 16:00h y la única forma que hay de irse, es con un ferry que sale de la isla a las 08:00 de la mañana.

En el ferry éramos como unas 10 personas, así que la isla tenía pinta de ser bastante tranquila.

Habíamos estado mirando algunas playas por internet y decidimos ir a una que tiene buena pinta, klong beach.

Llegamos a Ko Lanta y cogemos una moto taxi, que nos lleva a esa playa.

La mayoría de los hoteles están cerrados, la playa está bastante sucia y descuidada, en nuestro paseo apenas nos encontramos con 3 personas y todos son nativos.

Decidimos salir a la carretera, ya es tarde, no queremos perdernos la puesta de sol y aún no tenemos hotel, así que vamos en busca de un bar con wifi.

Encontramos uno al pie de la carretera y decidimos parar, el recibimiento fue estupendo, la sensación que nos dio, fue de que hacía meses que un turista no pasaba por ahí.

Preguntamos que si hay una playa con un poco más de vida y más limpia y nos indican que la playa más al norte es la más turística, aunque en cuanto a la limpieza todas las playas están igual, puesto que solo las limpian en temporada alta.

Así que decimos caminar por la carretera, a ver si encontramos un taxi, pero todos los que tratamos de parar, nos saludan y pasan de largo.

!Que desesperación! Sin hotel, en tierra de nadie, con la noche pisándonos los talones y no encontramos vida en la isla.

Una mujer se da cuenta de que necesitamos ayuda y nos ofrece llevarnos en su moto, negociamos precio con ella y nos lleva a la playa más al norte, y ahí nos vemos, mi novio y yo en una moto, con un sidecar artesanal, hecho con tablas de madera y dos mujeres musulmanas.

La situación era de lo más peculiar y fue toda una aventura.

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Llegamos a Long Beach y parece que hay mas movimiento, encontramos un hotel, con una piscina a pie de playa que nos parece impresionante, pero no encontramos a nadie en las inmediaciones, finalmente encontramos una persona que llama a la encargada, a la que le preguntamos si nos podemos hospedar esa noche y cuanto cuesta.

¿Que creéis que nos dijo?

Por supuesto que nos podíamos hospedar, todas las habitaciones estaban libres, éramos los únicos huéspedes del hotel y lo mejor de todo.

¿Sabéis cuanto nos costo la noche?

500 bath, pongamos que unos 8 euros, podéis visitar el hotel pinchando aquí

Con suerte llegamos a tiempo para ver la puesta de sol desde esta maravillosa piscina.

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Cae la noche y nos preparamos para la siguiente aventura, cenar.

Salimos de nuestro bungalow, para buscar algún sitio donde cenar, en nuestro hotel estaba todo cerrado, no había cocina, ni nadie a la vista, así que decidimos caminar por la playa, con suerte encontramos un turista al que preguntamos donde podíamos cenar, él nos indica que sigamos caminando por la arena.

El camino resulta una aventura, sin luz, alumbrando el camino con el móvil, no paramos de esquivar cangrejos todo el rato.

Finalmente encontramos un restaurante justo en la arena, os aseguro que es el sitio con más encanto que he cenado en mi vida, ese momento, esa sensación, esa paz, hacen que haya merecido la pena venir a Ko Lanta.

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La cena riquísima, como siempre en este país.

Nos vamos pronto a la cama, ya que decidimos mañana coger el ferry a primera hora, aún no sabemos si con destino Phuket o Phi Phi, lo decidiremos sobre la marcha.

Damos Ko Lanta por visto, ya que sus playas son iguales a las que podemos tener cerca de nuestro hotel en Phuket, nos hemos quedado con lo mejor, su puesta de sol, su encanto, su magia, su soledad y sobre todo nos quedamos con el aprendizaje que nos ha dado, el de ser inmensamente feliz, cuando eres capaz de salir de tu zona de confort y descubrir lo que el mundo te puede llegar a ofrecer.

 

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Viaje a Tailandia día 9: Maya Bay

Día 10 de Octubre de 2016

Hoy era quizá el día mas esperado de todo el viaje, el día que visitamos Maya Bay.

Maya Bay es la playa donde se rodó la película de «La Playa» protagonizada por Leornardo Di Caprio.

Aún me acuerdo de el primer día que la vi, tendría como 13 años y pensé: ¿Donde será esa playa? , ¿Existirá de verdad? , seguro que nunca estaré en un sitio así.

Y por fin la iba a conocer, esto es la prueba de que los sueños se pueden cumplir, lo único que necesitas es simplemente HACERLO.

Como era algo para mí, muy deseado y había leído que Maya Bay resultaba muy decepcionante, debido a la gran cantidad de turistas que se concentraban al día, y que hacían que perdiese cualquier encanto que pudiera tener, decidimos investigar otras alternativas.

Y gracias a la guía Lonely Plantet, descubrimos Maya Bay sleepaboard, la única opción que existe hoy por hoy para ver Maya Bay sin turistas.

¿Que es Maya Bay sleepaboard?

Maya Bay sleepaboard, es dormir a bordo de un barco en Maya Bay, bañarte, ver anochecer y amanecer en un isla prácticamente desierta.

La única forma de reservar el barco, es por internet, en su propia web, las plazas son muy limitadas, aproximadamente 15 personas por día.

Lo habíamos reservado con una antelación de un mes mas o menos, para asegurarnos la plaza.

El barco sale de Phi Phi, por lo que hemos tenido que comprar un billete de ferry desde Phuket hasta Phi Phi y también lo hemos hecho por internet, ya que es la opción más barata, incluso más que comprándolo in situ.

¿Queréis saber todos los detalles?

Pues venid conmigo a acompañarme en el viaje.

Madrugamos mas de lo habitual, ya que nuestro ferry sale a las 8 del embarcadero de Phuket y nuestro hotel está más o menos a una hora en coche.

Llegamos a Phi Phi a las 9:30 de la mañana aproximadamente y lo primero que hacemos es acudir a la oficina de sleepaboard, la encontramos sin problema, siguiendo las indicaciones de la web, una vez confirmada la hora de salida del barco, las 15:00h nos vamos a desayunar.

¿Y como es Phi Phi?

Phi Phi es un conjunto de islas, de las que Maya Bay también forma parte, aunque solo hay una habitada, Ko Phi Phi Don, que es donde nos encontramos ahora.

¿Cómo es Ko Phi Phi Don?

Es una isla pequeña, en la que no hay coches ni motos, el único medio de transporte es el barco, las calles están adoquinadas y tiene una esencia muy hippie, es por así decirlo la Ibiza de Tailandia.

Teníamos miedo de que estuviese muy masificada, pero al ser temporada baja, la isla está tranquila y resulta muy acogedora.

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La playa es  de aguas calientes, tranquilas y cristalinas, estamos prácticamente solos, aunque hay que decir, que la zona del baño está acotada y es bastante pequeña, la mayoría está ocupada por barcas y ahí es donde te das cuenta que está masificada y es una pena, porque ya podéis ver que es preciosa.

Como tenemos toda la mañana por delante, recorremos las principales calles, nos relajamos en la playa y comemos antes de tomar el barco.

La primera parada que hacemos a bordo del sleepaboard, es en una zona de aguas totalmente calmas y cristalinas, donde hacemos Kayak y snorkel.

Y de aquí, nos vamos directos a Maya Bay, nos trasladan en barca hasta la playa mientras los últimos turistas se van yendo.

 

Nos bañamos y nos sentamos tranquilamente a ver la puesta de sol, respetando los espacios, sin hablar, sin mirarnos, sin tocarnos, sobra cualquier cosa que no sea el sol, los ojos y Maya Bay y vivimos un momento único.

 

Con la retirada del sol, se van los complejos, los tabús, la timidez, los prejuicios y los 15 nos acercamos, llega el momento de las risas, el intercambio de culturas, de religiones, de experiencias, el intercambio de lo que realmente importa, de lo que llevamos dentro, de lo que somos.

Brasileños, hindúes, alemanes, británicos y 2 españoles con muchas ganas de Maya Bay, nos lo pasamos en grande.

Aunque a eso creo que nos gana, nuestro amigo Suyash, un compañero hindú que sabrías describir con una palabra a los 5 minutos de conocerle, FELIZ.

Cenamos a la luz de la luna, una barbacoa, mientras que jugábamos a la janga, bailábamos, en definitiva nos divertíamos como niños en un campamento de verano.

Ahora tocaba ir a dormir al barco, ilusa de mi que pensaba que la misma barquita que nos trajo, nos llevaría de vuelta, pero no fue así.

Caminamos en mitad de la jungla con la luz de linternas hasta llegar a esta especie de escaleras.

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En las que nos esperaba una cuerda para bajar a una red por la que teníamos que trepar, yo de verdad, os puedo decir que me falto muy poco para llorar, me veía incapaz, temblaba, sudaba y el corazón me iba a 1000, pero lo conseguí y un vez más, la vida me enseño que soy capaz de hacer más cosas de las que yo misma me imaginaba.

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Esta era la red, por la que teníamos que bajar a la barca, en la foto no se aprecia la altura, pero os puedo asegurar que era bastante más alta.

A todo esto hay que sumarle la oscuridad, ya que estas fotos están tomadas a posteriori, y hay que tener en cuenta, que el chico desde la barca nos iba iluminado los peldaños para que pudiésemos ver donde posábamos el pie.

Ahora tocaba nadar con plancton luminoso.

¿Plancton luminoso?

Sí, como lo leéis, en Maya Bay hay un plancton luminoso de color verde, que puedes ver si agitas el agua, al parecer este tipo de plancton no solo lo hay en Maya Bay, sino que también lo hay en otros lugares como Maldivas.

Yo tengo que confesar que no me atreví, bañarme en la oscuridad me da bastante respeto, aunque ahora si os soy sincera, puedo decir que me arrepiento.

Y de vuelta al barco, tiramos las colchonetas, y tapados con una manta, decidimos dormir en la cubierta, al aire libre.

Y ESTE FUE EL DÍA QUE PUDE DORMIR EN UN HOTEL DE CIENTOS DE ESTRELLAS EN MAYA BAY.

Como a veces es mejor, verlo que leerlo, os dejo este vídeo que ha hecho mi amigo Suyash

 

 

 

 

 

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Viaje a Tailandia día 8: Phang Nga – Isla de James Bond

Día 9 de Octubre de 2016

Madrugamos una vez más, para desayunar antes de que nos vengan a buscar.

A las 8 nos recoge una furgoneta que nos lleva al embarcadero.

Por el camino, coincidimos con el festival vegetariano, aunque en Bangkok ya habíamos estado en uno, en Phuket es donde realmente se toman más en serio esta fiesta.

Desde la furgoneta pudimos ver a la gente en procesión descalzos, mientras  les tiraban petardos en los pies.

Lo más impactante fue ver a chicos con pinchos clavados que les atravesaban los mofletes de lado a lado, con vegetales ensartados.

Una vez en el embarcadero, nos ofrecen un pequeño desayuno buffet, así que ni cortos ni perezosos volvemos a desayunar otra vez, también aprovechamos para tomar una pastilla para el mareo, por si las moscas, no vaya a ser que el día en barca se nos haga difícil. Por supuesto las pastillas del mareo también forman parte del buffet.

En el desayuno descubrimos que hay otros 7 españoles, así que ya entablamos conversación con ellos y es que cuando está tan lejos, siempre alegra, reconforta y divierte un montón, encontrar a paisanos.

embarcadero

Pues desde aquí partimos ¿Impresionante paisaje verdad?

Primera parada cueva ice-cream, o cueva del helado, a esta cueva solo se puede acceder en barca, la cual,  nos deja a la entrada y la recorremos caminado, es una cueva con estalactitas y estalagmitas, como muchas otras que podemos encontrar en España, la pena es que esta no está muy bien cuidada, está llena de pintadas y firmas de turistas, puedes tocar las formaciones sin ningún problema, cosa que es un crimen.

Los que hayáis visitado alguna vez una cueva de este tipo, sabréis lo que te puede llegar a insistir el guía con que por favor, no toques las estalactitas, puesto que de tocarlas, te estarías cargando miles de años de sedimentos amontonados.

Vista la cueva nos dirigimos en lancha a una zona de aguas poco profundas para hacer Kayak, el paseo resulta muy relajante, aún recuerdo la tranquilidad que pude llegar a sentir  y aquí fue donde por primera vez, logre encontrar la paz desde que llegamos a Tailandia.

No os puedo enseñar fotos del momento ya que no nos quisimos arriesgar a meter el móvil en el Kayak, es un pena, aunque yo espero tenerlo en la retina grabado toda la vida.

Ahora con esta inyección de tranquilidad, nos vamos a la turística y bulliciosa isla de James Bond o Phang Nga, aquí nos damos un baño y nadamos un poco.

Al ser temporada baja tenemos suerte y la verdad que no hay muchos turistas.

Aquí me sucede algo que no me había sucedido en la vida, una pareja de chinos se acerca a mi y me enseña su móvil, en el traductor puedo leer : – Can I take a photo with you?

Que viene a ser algo así como : ¿Puedo hacer una foto contigo?

Pero yo que casi siempre actúo de buena fe, pienso seguramente lo que querrán es que les saque una foto y accedo sin problema. Espero a que me den el móvil para sacarles la foto, pero uno de ellos me agarra con el brazo mientras el otro, nos saca una foto.

Intenté hablar con ellos y preguntarles por qué, pero fue imposible no entendían ni papa de inglés.

Espero que se quede en una anécdota y no verme en un catalogo de bañadores en China.

Bromas a parte, esta es la tan fotografiada isla, aunque ese día conseguí robarle el protagonismo por un instante.

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Ya es medio día así que volvemos a la lancha y nos vamos a comer a un pueblo flotante en medio del mar, es un pueblo de pescadores musulmanes, los llamados gitanos del mar.

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La comida tipo buffet, sentados con el resto de españoles resulta de lo mas agradable, el cocinero sale amablemente a saludar a todos los hombres y las mujeres no podemos evitar hacer el comentario. Nos hace vivir otra vez la esencia Thai, la autenticidad de la gente y vuelve a recordarnos que estamos conviviendo con una cultura muy diferente a la nuestra y nuevamente nos encanta.

Después de la comida decidimos perdernos por el pueblo, recorrer sus calles construidas con tablones de madera sobre el mar, atravesando, pasillos, casas, tiendas y restaurantes con el ansia de perdernos por ese pueblo tan peculiar.

¿ Y que creéis que nos paso?

Venga si, que nos perdimos una vez más, el pueblo tiene varios embarcaderos y no conseguíamos salir en el que nos esperaba nuestro barco, menos mal que finalmente llegamos a tiempo.

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No me digáis que no era para perderse por él, fue lo mejor de toda la excursión para mí y aquí también tengo otra anécdota.

Ya sabéis que en Tailandia el regateo es algo que forma parte de la cultura, si bien es cierto que lo correcto es empezar a regatear por el 25% del importe que te pidan.

Yo me quise pasar con el primer regateo y una señora se sintió ofendida conmigo, me regalo una mirada de desprecio, me dio la espalda y me echo de la tienda haciendo un gesto con la mano.

Tengo que reconocer que ya nunca más se me ocurrió regatear tan bajo.

Partimos del pueblo, con destino Isla Ko Lawa, una playa paradisíaca y prácticamente vacía en la que disfrutamos de un baño y tomamos el sol tranquilamente.

De vuelta a Surin, nos acicalamos y salimos a cenar, si la cena de ayer nos gusto, la de hoy mucho más, otra vez decidimos comer pescado fresco, pero esta vez en salsa de tamarindo.

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De vuelta al hotel, nos damos otro agradable baño nocturno en la piscina hasta que el monzón decide acabar con nuestro día.

Una vez en la habitación, preparamos la mochila con ropa para 2 o 3 días ya que mañana cogemos ferry con destino Phi Phi, los siguientes días  ya son una incógnita para nosotros.

Mañana va a llegar el día más esperado, el día en el que dormiremos en un hotel de cientos de estrellas.