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De compras por Marrakech

Aunque nuestra escapada a Marrakech ha sido corta, nos ha dado tiempo para hacer algunas compras con las que estoy muy contenta.

A parte de las compras típicas, que son imprescindibles como aceite de argan, tés, especias, que por supuesto que las hemos hecho.

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También he hecho otras, como son las babuchas de andar por casa, hemos comprado unas cuentas, las puedes elegir de cualquier color, tipo de piel y forma, éstas son las que he elegido para mí.20170115_175927

Tienen una textura aterciopelada, porque son de piel de camello, la forma es redondeada, lo que ellos llaman babuchas bereberes, las que tienen forma picuda serían las babuchas marroquíes.

Puedes elegir el color de la borla, puedes comprarlas sin nada o con mil florituras y dibujos varios.

Estuvimos mirando varias tiendas, porque tenía claro que no me iba a venir a España sin unas, después de mucho mirar y regatear, encontramos una tienda enorme que tenía todo tipo de babuchas, mil colores, pieles, formas… y entre todos compramos por los menos 10 pares, como dato curioso, una vez elegidas todas, el dependiente nos mete en la trastienda para cobrarnos y ya hablamos de forma más distendida, nos fijamos que tiene una foto en esa misma trastienda, con el mismísmo Florentino Pérez y nos cuenta que es un buen cliente y que le compra babuchas para toda la familia.

Para mí la compra ha sido un acierto, las uso diariamente para andar por casa, aunque al principio cuesta un poco adaptarse a ellas, ya que no tiene forma de pie derecho ni izquierdo, después de un par de días, ya están completamente adaptadas al pie.

Pero tampoco podía irme sin comprar unas para andar por la calle y mirad lo que me he traído.

Sé que son muy atrevidas, pero me chiflan, pienso exprimirlas este verano a tope, porque además son super cómodas y me parecen ideales para poner con un vaquero y una camiseta básica blanca.

Además las puedes poner normales o descalzas.

 

Otra cosa que no podía volver a casa sin ella, era un bolso de hojalata, con lo bien que trabaja esta gente el metal, había unos bolsos preciosos y muchos sabréis que estos bolsos no tienen precisamente un precio barato en tiendas como ZARA, pues a mí éste me costó como unos  10 euros.

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Como en todos los viajes que hago, tampoco podía faltar algo para la casa y como una lámpara era muy difícil de transportar dentro del equipaje de mano, me decanté, por este plato que me parece increíble, es una auténtica obra de artesanía, os dejo fotos de cerca para que podáis apreciar los detalles y veáis lo bien que queda en la pared.

También he traído turrones, de almendra  y pistacho es una pena que no tenga fotos, pero es que no me ha dado tiempo a sacarlas, no han durado ni un asalto, porque están buenísimos.

Y menos mal que llevaba un maleta super pequeña y no me cabía mas, sino…a estas compras les hubiese añadido, lámparas, teteras, vasos de té, alfombras… es muy difícil resistir la tentación en ese océano de zocos.

 

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Escapada a Marrakech días 3 y 4

Arrancamos el día, con otro apetitoso desayuno en el patio del Riad, servido por Asis que como siempre nos recibe con una enorme sonrisa.

Nuestros amigos nos comentan que se han despertado por la noche cada vez que sonaban las oraciones en las mezquitas, nosotros tenemos que confesar que no nos hemos enterado de nada…estábamos rendidos.

Hemos decidido aprovechar esta mañana para perdernos por los zocos, hemos estado dos días deambulando por la medina, repleta de mercados, pero nos da la sensación de que se nos ha escapado algo y es que he leído en la guía, que los zocos se dividen por oficios, el zoco de los curtidores, el de los tejedores, el de las babuchas, el de las alfombras etc.

Y madre mía… tras callejear un poco y perdernos por la laberíntica medina llegamos a los zocos más auténticos en los que hacemos varias compras que os enseñaré en otro post, por el momento aquí os dejo varias fotos.

Hemos visto casi todos los procesos y hay que reconocer que son unos auténticos artesanos, comenzando con el tintando de la lana, como se puede apreciar en una de las fotos, donde se puede ver colgada de los cables secando, pasando por el telar, tejiendo tradicionalmente las telas, tallando los metales, confeccionando las babuchas a partir de las pieles recién sacadas de las curtidurías etc.

Perdidos por los zocos y cansados ya de regatear, de discutir, de bromear, de mirar, de remirar, de volver a discutir y volver a bromear nos entra el hambre y en una esquiníta encontramos a un señor con una sartén ¿Y sabéis qué es lo que está friendo?

DONUTS!!!

No nos podemos resistir, compramos un par de ellos y están tan buenos que compramos otros dos y aquí llega otra anécdota más…de la que nos hemos percatado a nuestra llegada a Madrid, comentando las experiencias del viaje. Y es que ninguno de los 4 nos hemos dado cuenta en ese instante, después de tanto regatear, del lío con los dírhams y los euros, que hemos pagado nada más y nada menos que el equivalente a 3 euros por cada DONUTS y en ese momento nos habían parecido super baratos, creyendo que los donuts nos estaban saliendo por unos 30 céntimos, ahora entendíamos la cara de felicidad de aquel señor…

Así que nada con el estómago lleno y la cartera vacía seguimos perdiéndonos por la ciudad hasta que se acerca la hora de comer y buscamos una azotea tranquila para descansar y picar algo, tengo que confesar que la comida marroquí no nos entusiasmó a ninguno, pero en lo que son auténticos maestros es en los dulces, pastas, turrones, tés, vamos que no hemos vuelto con diabetes de milagro.20170107_153154

Volvemos al Riad para despedir a uno de nuestros amigos que tiene que irse ya a Madrid, nosotros nos marcharemos mañana.

Así que, ahora los 3 nos seguimos perdiendo por la ciudad, al lado de la plaza Jemaa el fna nos encontramos una plazita muy pequeña llena de puestos con aceitunas y nos entretenemos un buen rato degustando lo cantidad de aliños distintos.

Decidimos culminar la tarde al igual que ayer en un Hammam, en el primero que encontramos, preguntamos si tienen disponibilidad para hacerlo ahora, les informamos que no tenemos ropa de cambio ni bañador, pero nos dicen que no hay problema que ellos nos facilitan todo.

Nos indican que tenemos que hacerlo separados, mi novio por un lado y mi amiga y yo por otro.

Mi novio pasa primero y luego nos llaman a nosotras, nos dan un albornoz y una llave para dejar las cosas en una taquilla, yo busco entre los bolsillos del albornoz un tanga de papel o algo por el estilo pero ahí no hay nada, mientras subimos las escaleras yo le voy comentando a mi amiga que no llevo nada debajo de la bata y ella me confiesa que tampoco, las dos pensábamos que con el albornoz nos facilitarían algún tipo de prenda interiror pero nada.

Total que ahí nos vemos mi amiga y yo en un hammam minúsculo, como dios nos trajo al mundo y la chica nos indica que nos tenemos que sentar sobre el banco de mármol que estaba entero mojado ¿En serio?

La chica no hablaba español, nos comunicábamos por señas, nosotras nos mirábamos la una a la otra diciendo… ya veras que pedazo de hongos vamos a coger aquí y con lo surrealista de la situación nos entra tal ataque de risa, que no podemos parar de reír mientras la chica nos esta enjabonado, no paran de caernos unos lagrimones enormes de la risa.

Llenas de jabón las chica nos indica que esperamos un ratito y que viene enseguida, 30 minutos, 30 largos minutos de reloj, llenas de jabón dentro de un hamman de 1 metro cuadrado, en cuanto marcha, nos levantamos rápidamente como si el banco ardiese y es que el repelús era muy grande y el picor del jabón comenzó a ser una molestia a los pocos minutos.

Media hora después, la chica vuelve nos aclara y nos exfolia, la experiencia de mi novio no fue mucho mejor ya que nos comenta que a él le han ofrecido final feliz.

Así que ya sabéis, hemos vivido 2 realidades muy distintas en 2 hammanes de la ciudad, es conveniente seleccionar bien el tipo de establecimiento al que quieres ir, a nosotros la improvisación nos regaló una experiencia nueva, una anécdota que contar y muchas, muchas risas en la mochila.

Cuando salimos del Hammam ya es de noche, nos perdemos un rato por la ciudad nueva y cenamos en una de las esquinas de la plaza.

La cena no resultó agradable, cenamos en una terraza y como siempre en estos sitios tan turísticos utilizan a los niños para dar pena y sacar dinero a los turistas, mientras cenábamos teníamos todo el rato a niños apoyados en la mesa, llorando.

Mi postura es bastante tajante en estas situaciones y es que por mucha pena que te den no debes de darles nada, esos niños están ahí a las 12 de la noche, con el frío que puede llegar a hacer en Marrakech, mendigando por las terrazas porque consiguen dinero de los turistas, si los turistas no intentasen limpiar su conciencia dando limosna a esos niños, no serían explotados de esa forma.

Hay otras muchas formas de ayudar y dándoles limosna lo único que consigues es limpiar tu conciencia y que los tutores de ese niño lo obliguen a volver mañana a hacer lo mismo.

Al día siguiente aprovechamos para hacer las últimas compras y pasear tranquilamente, en próximos post os enseñaré algunas compras, no os las perdáis que no tienen desperdicio.

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Escapada a Marrakech día 2

Madrugamos y disfrutamos del desayuno en el patio del Riad, con el estomago lleno, vamos en busca de la plaza, en la que han quedado en recogernos, pero ahí no hay nadie, preguntamos a un policía que amablemente nos coge las señas y se pone en contacto con la agencia, tras esperar un buen rato, un señor mayor llega con una furgoneta y nos montamos, con la incertidumbre de si llegaremos al destino correcto, tratamos de hablar con el conductor para asegurarnos, pero no entiende ni papa de inglés, así que nos lo tomamos a risa y disfrutamos del camino.

Finalmente llegamos a la casa del señor y ahí cogemos los quads, rumbo al desierto.img-20170110-wa0020

La casa estaba situada en una finca llena de quads, buggies y camellos, así es que nos ponemos los cascos y nos montamos en los quads, siguiendo al guía, recorremos dunas y atravesamos un pequeño desierto pasando por varios poblados, dejando atrás una nube de arena, paramos en un palmeral para hacernos unas fotos.

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Abandonamos el palmeral con rumbo a un poblado bereber, en el que nos invitan a un té y pan con aceite y miel, estamos hambrientos y nos encanta el tentempié que nos ofrecen.

Las fotos están tomadas a la entrada del poblado, en ellas se puede ver la cantidad de arena que traíamos apegada a la ropa, cara, pelo, como recién llegados de la guerra, aunque de lo que veníamos era de vivir una experiencia increíble que culminaba aquí.

Como vemos que hay un pequeño kiosko y un montón de niños decidimos comprarles unas chocolatinas y sinceramente ver la cara de ilusión de aquellos pequeñajos fue el mejor recuerdo que me llevé del viaje.

 

Cogemos de nuevo el quad para regresar al punto de partida y el mismo señor nos lleva de vuelta a la ciudad, intentamos explicarle que en vez de dejarnos donde nos recogió puede dejarnos cerca de los jardines de Majorelle, ya que aún tenemos media mañana por delante, dudamos de que el señor nos haya entendido, pero finalmente nos deja muy cerca de nuestro destino.

Los jardines de Majorelle o también conocidos como los jardines de Ives Saint-Laurent, ya que fueron propiedad del famoso diseñador y en parte fueron recuperados y rediseñados por él.

La entrada nos costó unos 7 euros por persona, un precio que me pareció realmente excesivo, los jardines tienen su encanto, pero no son un visita imprescindible en la ciudad.

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Resulta contradictorio pasear de esta guisa, llenos de arena del desierto y con pelos de loca, en el lugar donde descansó unos de los mayores referentes de moda y estilo del mundo, pero cuando se está de viaje disfrutar y explorar lo máximo posible es la prioridad y no hay tiempo que perder.

Así que, tomamos un taxi que nos lleve hacia la otra punta de la ciudad, queremos conocer la plaza de las especias, conseguimos regatear bastante y el taxi nos cuesta muy poco,  pero como todo tiene un precio… en vez de dejarnos en la plaza, nos deja en una tienda de especias, decidimos entrar y dejarnos llevar, aprovechamos para sentarnos y descansar mientras el dependiente nos enseña todo tipo de tés, especias y brebajes varios.

Al final nos entrenemos un buen rato, el señor nos cae bien y decidimos comprarle unas cuantas cosas, aunque la broma nos sale cara, nos gastamos unos 50 euros entre tés, especias, aceite de argán y nos obsequia con estos pintalabios y  piedra pómez de terracota …como para no…

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¿Un pintalabios?

Pues sí, eso que aparece en la foto es un pintalabios que funciona pasando el dedo humedecido por la terracota y luego extendiéndolo por el labio, dejándolos de color rojo.

Preguntamos al señor donde podemos encontrar cerca de ahí, un sitio barato para comer y el señor amablemente nos lleva a un restaurante cerca, la decoración nos encantó

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Pero el precio del menú nos pareció excesivo, 30 euros por persona, así que esta foto es el único recuerdo que nos llevamos, ya que nos levantamos y nos fuimos, en vista de que éramos las únicas personas del restaurante, ya habíamos caído en la trampa de las de las especias no íbamos a caer también en la de la comida.

Así que ahora nos encontrábamos a las afueras de Marrakech sin restaurantes a la vista y sin saber muy bien donde estábamos, de manera que nos ponemos a caminar un poco a ciegas, sin querer, nos tropezamos con una plaza de abastos, en la que decidimos entrar para impregnarnos de la auténtica esencia de la ciudad, nos detenemos en un puesto que tiene gran cantidad de aceitunas, nos paramos a degustar los diferentes tipos que el tendero nos ofrece amablemente y decidimos comprar un puñado para el camino.

Casi sin querer nos topamos con la famosa plaza des ferblantiers, estamos agotados y hay muchos restaurantes, así que, por fin nos sentamos a comer.

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Con las pilas cargadas ponemos rumbo al barrio judío, aquí llega la gran anécdota del día, mi novio se queda un poco atrás para sacarnos una foto, caminando fuera de la muralla, cuando un policía nos para con cara de muy pocos amigos, nos informa de que en Marrakech está prohibido sacar fotos a las autoridades, nos obliga a enseñarle las fotos y borrarlas.

Así que ya sabéis, cuidado cuando se saca una foto, que no sea cerca de ningún puesto de control, policía o militar, porque te puedes meter en problemas.

Y bien, después de esta experiencia, decidimos volver a la medina y buscar la famosa plaza de las especias.

20170107_162128Y la encontramos, un chico muy amable y con muy buen español nos explica que por las mañanas se realiza la subasta de especias, una pena no haberlo visto, pero nos quedamos con el recuerdo de la curiosa plaza y sobre todo ese olor tan intenso, el olor a Marrakech.

Seguimos perdiéndonos por calles varias, dejándonos llevar por la corriente de gente, por las voces que nos guían, que nos reclaman, que buscan nuestra atención, resulta curioso, solo llevamos un día en Marrakech, pero nuestra actitud a cambiado radicalmente, desde ayer hasta hoy, ahora ya no tenemos miedo, ahora nos paramos con los comerciantes, les hacemos bromas, les seguimos la corriente, disfrutamos de lo que la ciudad y su gente nos ofrece, estamos relajados y con la mente abierta, la actitud perfecta para vivir un viaje.

Os dejo fotos varias de esta deliciosa pérdida.

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Las patas de cordero nos llamaron mucho la atención se vendían en varios sitios y debían de ser un auténtico manjar para ellos, aunque nosotros no las probamos.

Ya empieza a caer la noche y nos apetece un montón culminar el día en un hammam, así que decidimos volver al Riad, para coger nuestras cosas y reservar en uno.

Preguntamos en el más famoso, el Hammam de la Rose, estaba ocupado, probamos suerte en otro con muy buenas críticas, Hammam le bain bleu y aquí tenemos sitio, pero tenemos que esperar un poco, así que nos invitan a subir a su azotea y tomar algo.IMG-20170109-WA0014

Por nuestra postura se puede apreciar que estábamos ya agotados, pero la cosa pintaba muy bien, solo disfrutar de esta terraza ya merecía la pena.

¿Y en qué consiste un Hammam?

Todos hemos oído hablar de ello, pero ¿que es realmente?

Es el sitio donde los marroquíes se bañan, consiste en un exfoliado con guante de crin y posteriormente un enjabonado, todo ello dentro de un baño de vapor.

En Marrkech, existen dos tipos de hammam los no turísticos, donde los marroquíes acuden a bañarse diariamente y en los que lo puedes hacer todo, por menos de 1 euro y los turísticos, en los que las medidas de higiene y comodidades son mejores, tienes una amplia gama de servicios y los precios son bastante más elevados.

Nosotros nos decantamos por uno turístico y la experiencia fue muy buena, los 4 pasamos a una misma sala de vapor, tumbados sobre bancos de marmol, nos dejamos hacer, nos dejamos que nos tirasen agua por encima, que nos frotasen con el guante, que nos enjabonasen etc.

La experiencia es increíble pero para las chicas que lo hacen debe de ser bastante desagradable, porque a todos nos salía auténtica roña de la piel.

Y ahora como en una nube y bien limpitos volvemos al Riad a disfrutar de la cena que habíamos encargado la noche anterior.

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Y nos encantó ya no solo por la ambientación, muy romántica, como podéis ver a la luz de las velas, sino la comida que era exquisita sobre todo el pollo al limón, fue la vez que mejor comimos en nuestra estancia, así que, totalmente recomendable la experiencia de comer en un Riad.

Aunque estamos agotados, decidimos salir a conocer la noche Marroquí y perdernos nuevamente por la plaza jamaa el fna.

En ella vemos varios grupos de gente que observan algo, decidimos acercarnos y vemos, como en el medio de los corrillos hay gente cantando, bailando, en definitiva pasándolo genial.

No tenemos ninguna foto de estas escenas, porque nos parecía arriesgado sacar el móvil en medio de tanta gente y porque en la mayoría de los corrillos, no permitían hacer fotos.

Damos un paseo por los alrededores de la plaza, donde se encuentra la mezquita de Koutoubia.

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Y regreso al hotel, que hoy ha sido un día muy intenso, necesitamos procesar tantas experiencias.

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