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Diario de un viaje a Japón. Viajar por libre a Japón

El 17 de septiembre de 2019 comenzaba nuestra andadura por Japón, una aventura de 18 días en los que hemos conocido pueblos perdidos, lugares que no salen en las guías de viaje y por supuesto también hemos tenido tiempo para hacer turistadas, comer sushi y visitar los lugares más emblemáticos, instagrameables y fotografiados del país.

Un viaje que hemos preparado a conciencia, estudiando cada itinerario, cada trayecto en tren, cada desplazamiento, cada alojamiento…

Un viaje que hemos recogido en este diario, para que os sirva de guía, de lectura, de inspiración o de aventura desde el sofá, este viaje ya no es solo mio, también es vuestro:

Día 1: De Tokio a Kioto

Día 2: Osaka

Día 3: Koyasan (Monte Koya)

Día 4: Koyasan – Nara – Kioto

Día 5: Kioto – ceremonia del té

Día 6: Kioto y alrededores (Inari – Arashiyama)

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Viajar por libre a Japón. Día 6: Kioto – Inari – Arashiyama – Nishiki market – templo Kiyumizu

22 de Septiembre de 2019

Madrugamos como de costumbre, con la intención de visitar Inari a primera hora e intentar evitar las riadas de turistas.

Inari es famosa por su templo Fushimi Inari-Taisha, dedicado a la diosa de la fertilidad, al que se accede ascendiendo por un montaña, atravesando durante 4 kilómetros un camino con forma de ocho, cubierto de toriis.

Y cuatro kilómetros y mil toriis después, llegamos al templo un poco más cansados de lo habitual por la humedad y el calor.

El gran numero de pequeños templos que existen a lo largo del camino y su característica forma de ocho, hace que nos perdamos en ese bucle infinito y andemos y desandemos unos cuantos metros más de la cuenta, en busca del templo, sin saber que ya habíamos llegado y que pasaríamos por él unas 4 veces, así que espero que ya solo por el esfuerzo, la diosa Inari tenga a bien darnos fertilidad el día que la necesitemos.

Y después de desandar lo andado y sumar 8 kilómetros de toris en nuestro haber, volvemos a coger el tren para perdernos por el bosque Arashiyama, uno de los bosques de bambú más famosos y fotografiados del mundo.

El bosque de Arashiyama es uno de esos sitios mágicos, perdido en una aldea rural con encanto, a las afueras de Kioto, lo mejor del paseo es el sonido del bambú cuando es mecido por el aire, un sonido como pocos, de esos que se podría poner en bucle en una clase de relajación, la pena es que la inmensa cantidad de turistas hacen que pierda gran parte del encanto y que conseguir la ansiada foto para instagram, sea una misión casi imposible, aún así nosotros lo hemos intentado.

Y después de una mañana dedicada a los sitios más instagrameables de Japón, cambiamos totalmente de registro para ir a comer a Nishiki Market, el mercado de comida más famoso de Kioto, uno de esos lugares que te recuerdan que Japón sigue siendo Asia, a pesar de ser un país ultra moderno.

Y después de hartarnos a brochetas de vieiras y chipirones, nos perdemos por las calles de gion, esta vez de día, parándonos nuevamente en el puente de Pontocho que me tiene enamorada.

No me cansaría nunca de pasear por los barrios de geishas de Kioto, por perderme por esas calles impolutas, que parecen sacadas de un decorado de cine y saboreamos el paseo, parándonos en todas las tiendas, degustando todo lo que nos ofrecen en el ascenso al templo Kiyumizu, desde donde se obtienen las mejores vistas de Kioto.

Y desde aquí, por todo lo alto, nos despedimos de la ciudad.

De regreso al hotel, paramos a cenar en una taberna tradicional, unas tiras de calamar seco y tortilla japonesa, que pedimos creyendo que era okonomiyaki (una tortilla típica de Japón, que aún no hemos probado) pero resultó ser una tortilla francesa muy gruesa.

Y decimos adiós a Kioto, nuestra primera toma de contacto con Japón, una ciudad tan amigable y bonita, como intensa y tradicional, esa del Japón milenario, la de las películas de geishas, la de los Kimonos y la maikos, la del té macha y los dulces, la ciudad menos ciudad del mundo, esa que sacaron de un cuento, de esos que dejan huella y sonrisa, de esos con final feliz.

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Viajar por libre a Japón. Día 5: Kioto – ceremonia del té

21 de Septiembre de 2019

Hoy sí, por fin el despertador nos da los buenos días, parece que el cansancio pesa más que el jet lag y a las 8:30 la alarma irrumpe en nuestro sueño.

Tenemos intención de conocer lo más destacado de Kioto, esos imprescindibles que parece que si no has visto, no has estado en la ciudad y que yo hubiese obviado, porque sé perfectamente que estarán abarrotados de turistas, pero el señor Late Fuerte después de meses de preparación del viaje, no quiere irse de la ciudad sin verlos in situ.

Así es que, después de unas cuantas líneas de metro y bus llegamos al templo dorado, el templo es impresionante lo confieso, pero la gran cantidad de turistas que hay, hacen que pierda casi todo el encanto.

Desde aquí vamos caminado hasta el templo Ryoanji, por el camino paramos a comer un ramen de miso y una gyozas veganas, ya son las 12 del mediodía y el hambre aprieta.

El templo Ryoanji, es conocido principalmente por su jardín zen, que me decepciona un poquito, porque el que vimos hace dos días en Koyasan, era mucho más grande y bonito. Lo que nos sorprende gratamente de este templo, es el inmenso estanque de nenúfares en flor.

Ahora nos vamos a la otra punta de la ciudad, visitamos el templo Toji y a este soy yo la que quiero ir, no solo porque sea el templo más alto de Kioto, una pagoda de 5 pisos impresionante, muy diferente a las que habíamos visto antes en Nepal o Tailandia, sino porque el día 21 de cada mes, surge un mercado alrededor del templo y ¡Bingo! hoy es 21.

Un rastro local digno de conocer, donde las antigüedades, los kimonos de segunda mano, los gatos de la suerte, las teteras y toda clase de artesanías, se mezclan con ungüentos, medicinas y alimentos varios, una experiencia muy recomendable, una experiencia de las que me gustan, de las que te dejan la ropa con olor a comida y el bolsillo vacío.

Y como a mi lo que me gusta de viajar es aquello de sentir y no lugares a los que en una lista puedas añadir, vamos camino de la ceremonia de té que habíamos reservado ayer, en Maikoya Kimono Tea Ceremony

La ceremonia del té

La ceremonia del té es algo que requiere años de estudio y preparación, como casi todo en Japón consiste en un ritual, en el que los detalles, la perfección y el momento presente son lo más importante.

Una auténtica experiencia ASMR, un momento super relajante que yo tenía claro, que quería vivir en este viaje.

Todo absolutamente todo, requiere de una concentración especial, desde la forma de remover el té, hasta la forma de tomarlo, debiendo girar el cuenco para que el resto, puedan apreciar los detalles de la porcelana.

He de reconocer, que lo que menos me gustó de la ceremonia, fue precisamente el té macha, con un sabor muy intenso ya que se toma sin azúcar ni leche, de ahí la tradición de acompañar el té con pastas muy dulces, la cuestión es ir combinando los sorbos de té, con la degustación de estos dulces japoneses, que son fascinantes y darían para escribir un capítulo entero.

Después de la ceremonia ponemos rumbo a gion, queremos seguir explorando este barrio de geishas, del que aún nos falta mucho por conocer.

Por el camino nos detenemos en alguna tienda de dulces de té, que como os comentaba antes, darían para escribir un capítulo entero porque son impresionantes.

Y también nos detenemos en el puente que cruza el río, desde el que se ven las terrazas de Pontocho, que es tan bonito de noche…

Y llegamos hasta el templo de Yasaka, pero ya es tarde y está cerrado, aun así disfrutamos del caminar lento, por las calles del barrio con más encanto de Kioto.

Una cena de supermercado se convierte en nuestra última comida de la jornada, cenamos sin prisa en un paseo con calma, que nos lleva de regreso al hotel y nos deja con ganas de seguir explorando este barrio a plena luz del día, pero esa es otra historia, la que os cantaré mañana.