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Año nuevo en París: 1 de Enero de 2018

Amanece en París algo mas tarde de lo normal, a las 11.00 cuando suena el despertador, la ciudad aún duerme.

Nos cuesta encontrar un bar donde comer un croissant, pero conseguimos desayunar.

Nuestro objetivo para hoy, es visitar el museo Louvre.

Vamos caminando por la tranquila ciudad, que esta paralizada en el primer día del año, llegamos al museo, estamos un rato en los alrededores pero está cerrado.

Así que ya tenemos una excusa para regresar a París.

Nuestro avión sale a medio día, hemos quedado con Eugene y Sergei para almorzar temprano y despedirnos.

Nuestro punto de encuentro, es el árbol de la catedral de Notredam, llueve a mares en el primer día del año.

Dicen que los días de lluvia son días de prosperidad, así que empezar el año pasados por agua, puede que sea un presagio, de que va a ser un año próspero.

Reunidos con Eugene y Sergei, damos un paseo por el barrio latino y buscamos un restaurante donde comer.

Entre brindis, copas de champagne y hamburguesas, llega el momento mas emotivo de la comida, nuestro amigos rusos se ponen serios y nos dicen que nos van a hacer entrega de algo que lleva en su familia muchos años y quieren que ahora este en la nuestra y nos dan mi queridísimo juevo Svintus (para los que no sepáis de que va el tema podéis leer pinchan aquí)

Que ilusión, ahora ya podemos jugar siempre a svintus.

No solo eso sino tambien nos regalan este precioso adorno de Navidad, nosotros tambien tenemos uno para ellos, así que hacemos un intercambio.

Después de la comida, nos vamos a pasear juntos, mientras planeamos la próxima escapada, nos acompañan al hotel, para coger las maletas y tomar el metro rumbo al aeropuerto, nos despedimos hasta siempre, pero esta vez me da la sensación de que volveremos a ver a éstos locos amigos rusos.

Y no se me ocurre un final mejor para este post que el de … Siempre nos quedará París.

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Fin de Año en París: descubriendo París, nochevieja y pedida de mano

La fugaz visita a esta ciudad nos lleva a levantarnos muy temprano para aprovechar al máximo este día.

Así es que, a las 7 de la mañana ya estamos en pie, buscando una cafetería donde desayunar unos buenos croissants.

Primera visita, catedral de Notre Dame que es el monumento que primero abre sus puertas.

La visitamos por dentro y por fuera, porque el exterior con sus gárgolas también es digno de recorrer, pero lo que más me impresionó fue el enorme árbol de navidad de la entrada, que era tan grande que era imposible fotografiarlo entero y el belén que hay en su interior al que no le falta detalle.

Parece que ya empieza a amanecer cuando salimos de la catedral, sin tiempo que perder nos vamos pitando en metro, a la torre Eiffel, nos han dicho que a primera hora la cola es más pequeña y por internet para este día, ha sido imposible conseguir ninguna entrada.

Hacemos una media hora de cola y conseguimos comprar las entradas, nuestra intención era subir a la cima, pero estaba cerrada porque había demasiado viento, así que, nos conformamos con subir hasta el segundo piso.

Tengo que confesar que las vistas desde el segundo piso son impresionantes y el viento ya daba verdadero miedo, así que la planta de arriba me imagino que debe ser brutal.

Y ésto es lo mejor de la torre Eiffel, las vistas de París, el blanco de sus edificios, la armonía de las calles, el gran río Sena que parte la ciudad en dos y la llena de puentes, barcos y aires de bohemia.

Continúa nuestro recorrido por los alrededores de la torre Eiffel, nos detenemos en los jardines de trocadero, a contemplar la majestuosidad de la torre, disfrutar de las vistas y de las ubicaciones donde se toman las mejores fotos de la ciudad.

Y de aquí nos vamos a galerías Lafayette, algo que recomiendo visitar encarecidamente y más en estas fechas porque es precioso y un espectáculo por dentro y por fuera.

Es navidad en estado puro, escaparates exteriores llenos de muñecos navideños, que cantan villancicos y el interior es absolutamente impresionante con un árbol de Navidad enorme y golosinas que suben y bajan de la gran cúpula de cristal al son de la música.

Estamos tan agusto, que decidimos comer en el restaurante del centro comercial, después de recorrerlo entero.

Me llama poderosamente la atención las colas para entrar en Luois Vuitton, son tan grandes que salen fuera de la tienda.

Y para rematar subimos a la terraza del centro comercial donde las vistas son increíbles.

Y ahora rumbo a montmartre, el barrio más bohemio de París y el que más ganas tenía de visitar, calles empedradas, cuestas, tiendas con encanto, París en estado puro, el París bohemio y pintoresco de las películas de amor.

Visitando la plaza de los pintores y el sagrado corazón.

Nos vamos a ver el Moulin Rouge, visitamos el barrio rojo, la librería donde se rodó Amélie y demás puntos de referencia de éste popular barrio.

Visitamos otras zonas de la ciudad, como el barrio latino o montparnasse, en busca de mercadillos Navideños, compramos churros en un puesto callejero y nos perdimos por las calles de París, hasta que la lluvia nos envío de vuelta al hotel.

Agotados, nos damos una ducha y nos preparamos para salir, aunque nos parezca imposible hoy es nochevieja y tendremos que buscar un restaurante con encanto para cenar, preparados con las uvas, salimos con nuestras mejores galas a perdernos por el barrio latino.

Todos los restaurantes tienen menú especial de fin de Año y entramos en uno que parece tener encanto, con unas luces tenues y un montón de quesos a la entrada, el menú cuesta unos 20 euros por persona.

La mayoría de la gente eran franceses que comían foundue de queso y mejillones, nosotros nos decantamos por el menú, que muy bueno no era la verdad, pero el sitio tenía su encanto.

Después de la cena nos vamos a los jardines de trocadero, para recibir el año nuevo a las faldas de la torre Eiffel, no os lo había comentado, pero en fin de año en París, el transporte público es gratuito desde las 5 de la tarde y hasta el medio día, del día siguiente.

La mayoría de la gente en París, celebra el fin de año en los campos elíseos, en el arco del triunfo, hay un espectáculo de luces y fuegos, pero en la torre Eiffel también nos han dicho que hay fuegos artificiales y está menos masificado.

Así que, nos vamos a comprar a un supermercado una botella de champagne y nos acomodamos en las escaleras de trocadero, mientras esperamos a “our crazy rusian friends” . Ellos van a llegar un poco más tarde, ya que en Rusia son 2 horas antes y quieren ver a las 10 el discurso de fin de año de Putin.

Esto se empieza a llenar y ya damos por perdidos a Eugene y Sergei, va a ser imposible encontrarnos entre tanta gente.

Un primo de mi novio y su amiga, están pasando el fin de Año en París y nos llaman para celebrarlo juntos, parece imposible localizar a nadie pero finalmente lo conseguimos, llegan con un montón de prisa por hacerse fotos con la torre de fondo.

¡¡Yo también quiero una foto!!

Justo cuando estoy posando junto a mi novio, él me comenta que no es una foto, que no es casualidad que hayamos venido a París… Y sí, me pide matrimonio en París, en la falda de la torre Eiffel, para poner el broche de oro a este año, el vídeo de la pedida os lo dejo al final de este post.

Con los nervios y la emoción del momento aparece nuestro amigos rusos que consiguen localizarnos.

No hubo campanadas, ni cuenta atrás, ni música, ni luces, apenas unos pequeños fuegos artificiales, pero el caso es que nosotros y nuestros amigos rusos nos comimos las 12 uvas, el primo de mi novio y su amiga se comieron 12 gominolas y acabamos brindando con champagne en las latas de las uvas.

Y ésta fue la historia de como 4 españoles y 2 rusos, que el destino o la casualidad reunió, acabaron celebrando juntos un fin de Año, en una ciudad desconocida con desconocidos, un fin de año sencillamente genial y perfecto.

Y la fiesta continuó en la noche de París, recibiendo el año nuevo en un bar cualquiera, de una calle cualquiera, conversando, riéndonos a carcajadas, entre ginebra, vodka, ron, cerveza y lazos en la cabeza, el final todos os lo podéis imaginar.

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Fin de Año en París: 30 de diciembre de 2017

Hay quien en fin de Año pone las maletas en la puerta de casa, para que el Año nuevo venga cargado de viajes.

Yo hace ya alguno, que procuro empezarlo con alguna escapada y hasta ahora me está trayendo mucha suerte porque la escapada de principios de año, suele preceder a un gran viaje.

Aterrizamos en París un 30 de diciembre con la noche ya cayendo y un viento inusitadamente cálido para estas fechas.

Un metro “vintage” (bastante anticuado) nos escupe en el centro de París, con la maleta a cuestas recorremos el Boulevard Saint-Germain, nos recibe París con un soplo de viento que me arrebata el sombrero mientras cruzamos un paso de cebra, justo cuando el semáforo para los coches está a punto de abrirse.

¡¡A tomar por el culo!!

Esas fueron las primeras palabras que intercambié con un francés que hizo el ademán de irse tras mi sombrero.

El sombrero voló y voló, pero mi novio esquivó la corriente de coches, gente y viento, que había en ese cruce de calles y lo recuperó.

Así fue mi llegada en París, sin apenas tiempo para aterrizar, ya me estaba quitando el sombrero.

Con el sombrero en la mano y la maleta a cuestas encontramos el hotel que hemos reservado en booking y que podéis ver pinchando aquí. El hotel Studia, ubicado en pleno barrio latino.

Después de acomodarnos, salimos a perdernos por las calles de París, llegamos hasta la torre Eiffel, es justo como la imaginaba, ni más ni menos, colosal e impresionante, pero bonita bonita tampoco es.

Recorriendo a pié y en metro el centro de París, visitando mercados navideños y disfrutando de la magia de París en Navidad, nos paramos a cenar en un cadena de comida rápida.

Por casualidades de la vida, “our crazy russian friends” , dos de los amigos rusos que hemos hecho en Maldivas y que ya todos los que habéis leído nuestro Diario de un viaje a Maldivas conoceréis, Eugene y Sergey, también han decidido pasar el fin de año en París.

Así que, después de la cena, hemos quedado con ellos en la boca del metro de los campos elíseos.

Después de los abrazos y la emoción del reecuentro, que nunca hubiéramos imaginado, aquel día en el que nos despedimos hasta siempre en Maldivas, recorremos la avenida de los Campos Eliseos, entre la multitud de la gente que pasea viendo escaparates,  poniéndonos al día, a la vez que descubrimos París, llegamos a la plaza de la concordia.

Donde nos despedimos hasta mañana, nosotros vamos a estar todo el día conociendo París intensamente y luego nos encontraremos con ellos para celebrar el fin de año juntos, nos hemos traído en la maleta 4 botes de uvas, para ellos también.

Ellos nos comentan que en Rusia en fin de Año escriben los deseos en un papel, que luego queman, echan las cenizas en un copa de champagne y … ¡¡¡SE LO BEBEN!!!

Estos rusos… no tienen bastante con el vozka, que tienen que beberse hasta las cenizas… pero bueno… yo no tengo ningún problema en unirme a la tradición… si ellos se comen las uvas.

Una vez despedidos de nuestros amigos rusos, nos perdemos por las calles de París, dejándonos llevar por las luces de Navidad, el gentío y las extrañas altas temperaturas en un 30 de diciembre, hace que pasear sea una delicia.

Silenciosos lugares, llenos de árboles iluminados y luces que le dan ese toque hogareño, a las calles más emblemáticas de París y hacen que los escaparates de Gucci, Hermès, Dior, Versache, Louis Vuitton … tengan aún más halo de sofisticación si cabe, en esta noche parisina.

Nos deja París prendados en esta fugaz visita y aunque el sombrero ya me lo había quitado ella nada más llegar, ahora me lo quito yo, por voluntad propia, porque esta ciudad sin duda, tiene algo mágico que no se puede explicar con palabras.

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