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Viajar por libre a México. Día 8: Isla Mujeres

25 de Enero de 2020

Amanece es Isla Mujeres tras una noche ruidosa. Cuando anochece Isla Mujeres es fiesta, bullicio, ruido tequila y mezcal, pero de día es sol, playas que parecen piscinas, aguas cristalinas que invitan a bailar y reír, coronas, tambores y muchas cosas más.

Hoy cambiamos de hotel y nos hospedaremos las últimas dos noches en el Hotel las Tres mentiras Boutique, que podéis ver pinchando aquí. Un hotel en pleno centro de la isla, con una decoración muy Mexicana y con muchas posibilidades y recursos para alimentar nuestras redes sociales.

Pero como no hemos venido a esta lugar del mundo, para quedarnos en el Hotel nos pasamos el día en la playa, en concreto en Playa Norte, que a primera hora está desierta de turistas, hamacas y embarcaciones, lo que hace que tengamos la playa y el mar, para nosotros solos prácticamente.

Lo cierto es que prácticamente no tengo fotos de este viaje porque no era mi intención publicarlo y no puedo enseñaros como se transformaba luego esa playa con decenas de barcos procedentes de Cancún y Playa del Carmen, que traían turistas a pasar el día en la cubierta bebiendo, escuchando música y tomando el sol sobre unicornios y flamencos hinchables.

Alquilamos dos hamacas por 100 pesos al día por persona, comemos una hamburguesa en el mismo beach club y nos pasamos el día entre sueños, lecturas, arenas rosas y baños interminables en estas aguas de temperatura ideal y claridad extrema, que hacen que no quieras salir una vez pones un pié en ellas.

Y así hasta la puesta de sol que es increíble, además en esta parte de la playa, hay clases de yoga todas las tardes al anochecer, que hacen que la isla sea aún más mágica.

Cuando cae el sol y los camareros van recogiendo las hamacas, volvemos a nuestro hotel donde nos recreamos un rato entre fotos y atuendos mexicanos.

Para perdernos de nuevo por el centro de la isla y cenar un mole poblano que aún no había tenido la suerte de degustar, el mole poblano es una salsa de chocolate picante que generalmente adereza una pechuga de pollo, yo solamente lo había probado en un restaurante mexicano que hay en Colombres, en Asturias y tenía muchísimas ganas de probarlo en México.

Y con el estomago lleno nos perdemos por las calles de la isla, llegamos a la plaza del pueblo donde nos sentamos a ver un partido de Basket femenino, comemos un helado y a pesar del ambiente, de los bares con música en directo, del rock y el tequila, decidimos volver al hotel para descansar y volver a exprimir al máximo el día de playa de mañana, porque eso es todo lo que hemos venido a hacer a esta punta del mundo.

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