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Fin de Año en París: 30 de diciembre de 2017

Hay quien en fin de Año pone las maletas en la puerta de casa, para que el Año nuevo venga cargado de viajes.

Yo hace ya alguno, que procuro empezarlo con alguna escapada y hasta ahora me está trayendo mucha suerte porque la escapada de principios de año, suele preceder a un gran viaje.

Aterrizamos en París un 30 de diciembre con la noche ya cayendo y un viento inusitadamente cálido para estas fechas.

Un metro “vintage” (bastante anticuado) nos escupe en el centro de París, con la maleta a cuestas recorremos el Boulevard Saint-Germain, nos recibe París con un soplo de viento que me arrebata el sombrero mientras cruzamos un paso de cebra, justo cuando el semáforo para los coches está a punto de abrirse.

¡¡A tomar por el culo!!

Esas fueron las primeras palabras que intercambié con un francés que hizo el ademán de irse tras mi sombrero.

El sombrero voló y voló, pero mi novio esquivó la corriente de coches, gente y viento, que había en ese cruce de calles y lo recuperó.

Así fue mi llegada en París, sin apenas tiempo para aterrizar, ya me estaba quitando el sombrero.

Con el sombrero en la mano y la maleta a cuestas encontramos el hotel que hemos reservado en booking y que podéis ver pinchando aquí. El hotel Studia, ubicado en pleno barrio latino.

Después de acomodarnos, salimos a perdernos por las calles de París, llegamos hasta la torre Eiffel, es justo como la imaginaba, ni más ni menos, colosal e impresionante, pero bonita bonita tampoco es.

Recorriendo a pié y en metro el centro de París, visitando mercados navideños y disfrutando de la magia de París en Navidad, nos paramos a cenar en un cadena de comida rápida.

Por casualidades de la vida, “our crazy russian friends” , dos de los amigos rusos que hemos hecho en Maldivas y que ya todos los que habéis leído nuestro Diario de un viaje a Maldivas conoceréis, Eugene y Sergey, también han decidido pasar el fin de año en París.

Así que, después de la cena, hemos quedado con ellos en la boca del metro de los campos elíseos.

Después de los abrazos y la emoción del reecuentro, que nunca hubiéramos imaginado, aquel día en el que nos despedimos hasta siempre en Maldivas, recorremos la avenida de los Campos Eliseos, entre la multitud de la gente que pasea viendo escaparates,  poniéndonos al día, a la vez que descubrimos París, llegamos a la plaza de la concordia.

Donde nos despedimos hasta mañana, nosotros vamos a estar todo el día conociendo París intensamente y luego nos encontraremos con ellos para celebrar el fin de año juntos, nos hemos traído en la maleta 4 botes de uvas, para ellos también.

Ellos nos comentan que en Rusia en fin de Año escriben los deseos en un papel, que luego queman, echan las cenizas en un copa de champagne y … ¡¡¡SE LO BEBEN!!!

Estos rusos… no tienen bastante con el vozka, que tienen que beberse hasta las cenizas… pero bueno… yo no tengo ningún problema en unirme a la tradición… si ellos se comen las uvas.

Una vez despedidos de nuestros amigos rusos, nos perdemos por las calles de París, dejándonos llevar por las luces de Navidad, el gentío y las extrañas altas temperaturas en un 30 de diciembre, hace que pasear sea una delicia.

Silenciosos lugares, llenos de árboles iluminados y luces que le dan ese toque hogareño, a las calles más emblemáticas de París y hacen que los escaparates de Gucci, Hermès, Dior, Versache, Louis Vuitton … tengan aún más halo de sofisticación si cabe, en esta noche parisina.

Nos deja París prendados en esta fugaz visita y aunque el sombrero ya me lo había quitado ella nada más llegar, ahora me lo quito yo, por voluntad propia, porque esta ciudad sin duda, tiene algo mágico que no se puede explicar con palabras.

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